lunes, 22 de febrero de 2016

El Canto del Arpista

El Canto del Arpista es un poema egipcio datado a finales del Primer periodo intermedio. Se ha conservado en la capilla funeraria del faraón Intef (siglo XI a. C.), y recibe su nombre por estar escrito junto a la imagen de un arpista. 

Se trata de una obra sobre la muerte y la Duat, tratadas de una manera pesimista que contradice las creencias religiosas de la época. La crisis del Primer Periodo Intermedio pudo posibilitar la aparición de nuevas ideas y perspectivas ante la vida y la muerte que se alejaban de la visión normativa del Reino Antiguo, donde se creía en la existencia de una vida después de la muerte, ejemplificada en los Textos de las Pirámides Las nuevas ideas que aparecieron defendían una actitud hedonista ante la vida y una posición escéptica respecto a la vida después de la muerte. Estas nuevas ideas eran cantadas al son del arpa en banquetes cotidianos y funerarios. Parece que tuvieron una cierta repercusión e influencia en la sociedad egipcia durante el Primer Periodo Intermedio ya que, de otra manera, no se explicaría que uno de los cantos o poemas que expresaban dichas ideas, se llegara a grabar en la tumba de un faraón.

"Una generación pasa y otra perdura
Desde el tiempo de los antepasados.
Los dioses que se han manifestado en otros tiempos
Descansan en sus pirámides.
Los nobles espíritus, igualmente,
Están sepultados en sus tumbas.
Los que han construido edificios
Cuyos emplazamientos ya no existen,
¿Qué ha sido de ellos?
[...]
¿Dónde están sus tumbas?
Sus muros han caído,
Ya no existen sus tumbas.
Es como si nunca hubieran existido.
No hay difuntos que vuelvan del más allá
Y que cuenten su estado
Y que cuenten sus cuitas
Y que aplaquen nuestro corazón
Hasta que nosotros lleguemos
Al lugar donde ellos han ido.
[...]
¡Alegra, pues, tu corazón!
[...]
Pon mirra sobre tu cabeza,
Vístete de finos ropajes
Perfúmate con perfúmenes exóticos, propios de un dios.
Multiplica tus placeres.
[...]
Transcurre feliz el día y no desfallezcas.
Mira, nadie se ha llevado sus cosas consigo;
Mira, nadie ha regresado jamás."




Otra traducción:

"Este buen príncipe es un hombre feliz,
un dichoso destino ha terminado ahora.
Una generación pasa,
otras permanecen,
desde el tiempo de los ancestros.
Los dioses que antes existieron descansas en sus pirámides,
nobles bendecidos también son enterrados en sus tumbas.
[Sin embargo], aquéllos que construyeron tumbas
y de quienes sus lugares han desaparecido,
¿qué ha sido de ellos?
He oído las palabras de Imhotep y de Horjedef,
cuyas sentencias son recitadas por todas partes,
¿qué hay de sus lugares?
Sus muros se han desmoronado,
sus lugares han desaparecido,
como si nunca hubieran existido.
Nadie viene de allí
para hablarnos acerca de su estado,
para hablarnos acerca de sus necesidades,
para calmar nuestro corazones,
hasta que vayamos adonde ellos han ido.

Por tanto, alegra tu corazón.
El olvido te beneficiará,
sigue a tu corazón mientras vivas.
Pon mirra en tu cabeza,
vístete con lino fino,
úngete con aceites propios de un dios.
Aumenta tus alegrías,
que tu corazón no se entristezca.
Sigue tu corazón y tu felicidad.
Haz tus cosas en la tierra como manda tu corazón
hasta que llegue a ti ese día de llanto.
El de Corazón Enfadoso no oye sus lamentos.
Los lloriqueos no salvan a nadie de la tumba.

Pensad:
Pasa un día feliz,
no te aburras de ello.
Mira, a nadie se le permite llevarse sus bienes consigo.
Mira, nadie que parte regresa de nuevo."                                        

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